jueves, 15 de junio de 2017

MESÓN EL LACÓN

ALGO DE HISTORIA
A escasos metros de donde se situaba en el siglo XVI el famoso Corral de la Pacheca, el arquitecto Manolo Jaén, en la década de los sesenta del pasado siglo se encargó de la reforma y decoración del “Mesón El Lacón”, convirtiendo un anodino local en un autentico y típico mesón castellano. Para ello contó con la colaboración de Chumy Chumez, amigo y compañero en la revista La Codorniz, quién pintó, con su inconfundible estilo, los baldosines que todavía decoran el establecimiento. Curiosa también es la escultura a tamaño natural titulada “El Abuelo”, encaramada en una viga y que parece vigilar, desde la altura, a los clientes del mesón. La escultura, obra del artista segoviano José María García Moro, representa un hombre mayor, con su boina, mantón y jarrillo de vino en la mano, que parece decirte: No te vayas sin pagar que estoy atento. Al parecer posó como modelo el portero de la catedral de Segovia.    

INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
Carta de raciones y pinchos muy extensa. Caña de cerveza (1,40€) – Lacón a la gallega (7,50€) – Mollejas de cordero (14€) – Chipirones a la andaluza (9€).

POR SI PUDIERA INTERESAR
Es un establecimiento grande, con mostrador de madera y taburetes altos. Dispone de una cocina en la parte derecha y una sala a la que se accede rodeando la barra, por si apetece tomar unas raciones cómodamente sentados. También disponen de un comedor, para comidas más formales, situado en la primera planta.
La decoración sería la de los antiguos mesones castellanos, con sus vigas de madera, sus platos y jarras de cerámica y hasta escopetas y espadas antiguas que decoran las paredes.  
El personal que atiende la barra es amable y eficaz. Los años de oficio se notan. La atención al cliente es, en general, buena.


Puntuación: ***
Aperitivo: Por cada consumición puedes elegir un aperitivo de los reseñados en una pizarra, y que varían de cuando en cuando:(callos con garbanzos, pollo en pepitoria, patatas al alioli, montadito de tortilla, tortillita de camarones, etc.). La cantidad no es mucha y la calidad podría ser bastante mejorable.
Precio: Medio
Sucursales: No
Restaurante: Si
Terraza: No

Dirección: Calle Manuel Fernández y González, 8
28014 - Madrid
Teléfono: 914 296 042
Cierra: Nunca
Horario: De 13:00 a 16:00 y desde las 20:00 en adelante






lunes, 15 de mayo de 2017

CERVECERÍA LOS CARACOLES

ALGO DE HISTORIA
Si el tiempo lo permite, cualquier día podemos dar un agradable paseo partiendo desde los venerables sillares del Puente de Toledo, magnífica obra del maestro Ribera, para afrontar, con buen ánimo, la empinada cuesta que nos llevará a recrearnos en la contemplación de la Puerta de Toledo, construida entre los años 1813 y 1827, a modo de arco triunfal en honor de Fernando VII, uno de los reyes más nefastos que han gobernado España. La puerta se erigió en conmemoración a la independencia española tras la ocupación francesa. Fue la última puerta del antiguo recinto de Madrid. Su última restauración data del año 1995.
Pues bien, a pocos pasos de tan magnífico monumento y remontando nuevamente la cuesta por la calle, como no, de Toledo, nos encontramos con la fachada de color vino tinto de la “Cervecería Los Caracoles”, que no hay que doctorarse en Harvard para saber cuál es su especialidad, el Helix aspersa que decían los romanos, o el caracol de andar por casa, que decimos en el foro. Este humilde gasterópodo es guisado magistralmente en este establecimiento desde 1920, año en el que el fundador de la saga caracolera D. Juan Bueno abrió las puertas de la taberna. Desde entonces hijos y yernos han sabido mantener la receta original con ese punto de picante y ese sabor tan conseguido. La cazuela de esmalte al fuego perpetuo rebosando de caracoles y la cuchara de madera clavada en lo alto, cual pica en Flandes, son las señas distintivas de la casa. Sin duda, los mejores caracoles de Madrid se despachan en ésta taberna, pero la cerveza bien tirada y el vermú con seltz, son también cosas a tener muy en cuenta.
 
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
Ración de caracoles 7,30€ - Pepinillo relleno (1,60€) – Boquerones (7,30€) – Mojama (13,90€) - Copa de Albariño 2,30€

POR SI PUDIERA INTERESAR
El establecimiento no es muy grande ni tiene nada de particular ni que contar. Una barra en forma de L y repisas adosadas a unas paredes llenas de fotos del Madrid de primeros del siglo pasado, y algunas con motivos taurinos completan la decoración, ya que aquí, no lo olvidemos, se viene a comer caracoles.


Puntuación: ****
Aperitivo: Nunca faltan unos boquerones fritos o unas toreras.
Precio: Medio
Sucursales: No
Restaurante: No
Terraza: No

Dirección: Calle Toledo, 106
28005 - Madrid
Teléfono: 91 366 42 46
Cierra: Domingo tarde y lunes
Horario: De 9 a 15:30 y 18:30 a 22:30


viernes, 24 de marzo de 2017

BAR REVUELTA

ALGO DE HISTORIA
Desde época medieval, en los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid se establecieron  diversos gremios o asociaciones de artesanos, que habitualmente se agrupaban en zonas determinadas y en razón de su mismo oficio, a fin de defender mejor sus intereses profesionales. La calle de los Latoneros, de apenas sesenta metros, comienza en la de Toledo y acaba en Puerta Cerrada. En ella se estableció el gremio de latoneros y veloneros, que tomaron como santo patrón al mártir San Lorenzo, cuya imagen se veneró en la cercana parroquia de San Miguel. Los latoneros, junto con sus colegas artesanos, los veloneros, fueron los únicos gremios que permanecieron en el sitio de su establecimiento primitivo, durante muchos años.
El origen del oficio de latonero es muy remoto. Su trabajo consistía en el arreglo de útiles caseros de latón, cobre y hasta de barro vidriado. Reparaban, entre otros utensilios: bacías, palanganas, velones y bacines, mediante soldaduras y lañas hechas con estaño, y en algunos casos sustituían las bases dañadas de los cacharros, por otras nuevas de hojalata.
Hace muchos años que desapareció el último latonero, pero aun siguen los artesanos establecidos en esta calle, concretamente en el número 3 de la misma, donde allá por el año 1966 se fundó “Casa Revuelta”, taberna de Madrid donde trabajan el bacalao de manera artesanal y primorosa. Su fundador,  Santiago Revuelta llegó a la capital de España desde su Valladolid natal y después de dirigir alguna otra taberna, se estableció en los alrededores de la Plaza Mayor y la Cava Baja, zona habitual de Tascas y Tabernas.

INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
En ésta taberna, como en otros muchos bares de la zona, se estila el beber “chatos” de vino de una frasca. Ya saben, cuando los franceses, a primeros del siglo XIX, campaban por sus respetos por media España y les apetecía tomarse un tintorro, entraban en la primera taberna que encontraban y chapurreando el español solicitaban una jarra de vino y añadían ¿château? (sssato), refiriéndose, entre cachondeos, a la bodega productora del vino, como si el humilde vino servido, de un refinado Burdeos se tratara. Con el tiempo sssato, se españolizó hasta convertirse en chato, y hasta la fecha. Bueno… existe otra versión que hace referencia a la forma de los vasos, pero a mí me gusta más la de los gabachos.
Acompañando a una ronda de chatos de vino de Valdepeñas, se puede degustar un magnífico y jugoso bacalao rebozado, que para mi gusto es el mejor de Madrid. También unos estupendos callos a la madrileña (miércoles y jueves), unos calamares en su tinta (viernes y sábados), y hasta unos torreznos o empanadillas cualquier día, todo ello bien cocinado y en su punto.
Chato de vino (0,80€) y pincho de bacalao (3€).

POR SI PUDIERA INTERESAR
Una barra no muy grande, con su correspondiente y disputado rincón. Cuatro mesas con taburetes bajos, para los afortunados que los ocupen. Todo muy impersonal, incluidas unas vigas de madera, presuntamente antiguas y que decoran el fondo del local. Verdaderamente cuando entras en la taberna, te da igual la decoración pues no la vas a ver. Está casi siempre lleno hasta los topes.
Los camareros, de dentro y de fuera de la barra, te atenderán con amabilidad y prontitud para servirte y buscarte un sitio, aunque no lo haya.
Buenos profesionales.

Puntuación: ****
Aperitivo: Alguna aceituna o cacahuete, cosa de poca imaginación.
Precio: Medio
Sucursales: No tienen
Restaurante: No
Terraza: No


Dirección: Calle de Latoneros, 3
28005 Madrid
Teléfono: 34 913 663 332     
Cierra: Domingo tarde y lunes todo el día
Horario: 10:30 a 16:00 y de 19:00 a 23:00



lunes, 23 de enero de 2017

TABERNA DE ÁNGEL SIERRA

ALGO DE HISTORIA
La Plaza de San Gregorio Magno se formó en el siglo XIX al derribarse una manzana de casas entre las calles de San Gregorio y la del Soldado. En ella se instaló una fuente, muy frecuentada por vecinos del barrio y aguadores. Lejos quedaban los tiempos en que los duques de Frías explotaban sus huertas en estos terrenos, y los castizos chisperos trabajaban en sus humildes herrerías diseminadas por la zona. También cerca de la plaza se levantaba una prisión o galera: “para aislar y retener a las mujeres vagantes, ladronas, alcahuetas y otras semejantes”. La denominación de galera procedía del castigo impuesto a los hombres que delinquían y eran condenados a servir a remo en las galeras del rey. Nos imaginamos que el equivalente femenino seria igual de duro y terrible.
En 1943, en plena posguerra, se cambió el nombre de la plaza, dedicándosela al compositor madrileño Federico Chueca, autor de zarzuelas famosas, como: Agua, azucarillos y aguardiente o la Gran Vía.
Esta plaza dio nombre a un barrio, cuya historia pasó por varias fases, ya que a finales de los años 70, la droga, la prostitución y la delincuencia en general campaban por sus respetos, degradando el barrio y convirtiéndole en una especie de gueto a evitar. Poco a poco y a iniciativa de asociaciones vecinales y también de la comunidad homosexual que residía en la zona, el barrio resurgió de sus cenizas y se convirtió en el corazón del movimiento LGTB de Madrid, cuya apoteosis es la internacionalmente conocida Fiesta del Orgullo.  
Podemos decir que desde 1917 y presidiendo la plaza se encuentra la popular Taberna de Angel Sierra, concretamente en la calle Gravina número 11. Inconfundible por su bonita fachada años 30, realizada en madera y cristal pintado. La Taberna tiene dos espacios a los que se llega a través de entradas diferentes: la que se accede desde la plaza y que propiamente es la taberna, y la situada en el lateral del local, en la calle San Gregorio y que antiguamente se dedicaba a almacén de vinos y hoy se encuentra habilitado como salón. 

INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
Caña de cerveza 1,60€ - Vermú 1,70€ - Chato vino Rioja (2€)
Pepinillos rellenos 1,50€ - Canapés 2,80€  

POR SI PUDIERA INTERESAR
Si entras en la taberna te vas a encontrar con una barra de madera labrada y estaño, con su pozillo y caño de agua fría, además de sus correspondientes grifos antiguos de cerveza y vermú. A pesar del deterioro evidente, aun conserva el encanto y el sabor de las tabernas madrileñas.  En las paredes azulejería antigua y espejos con anuncios curiosos, además de cientos de botellas cubiertas de polvo y varias cubas de roble. El techo lo preside un fresco de autor desconocido.
Saliendo y girando a mano derecha, encontramos la puerta de acceso al salón, donde podrás tomarte unas cañas o un vermú, acompañando a un pepinillo relleno o a un canapé. El salón, con escasa iluminación, tiene varias mesas con bancos y taburetes, más botellas polvorientas y anuncios curiosos de latón, de más o menos antigüedad. Al fondo y pintada sobre azulejos, una escena digna de los tres mosqueteros.
Para tomarte un vermú o una caña y poco más. La simpatía y la amabilidad no son su fuerte.


  

Puntuación: **
Aperitivo: Unas aceitunas, además de un trozo de pepinillo con restos de pimiento morrón, ensartados en un palillo.
Precio: Medio
Sucursales: No
Restaurante: No
Terraza: Si, en plena Plaza de Chueca. También disponen de sombrillas para el veranito.

Dirección: Calle Gravina, 11 (Plaza de Chueca)
28004 Madrid
Teléfono: 915310126
Cierra:
Horario: De 12 a 00:30. Viernes y sábados hasta las 3:00 horas  
Sitio web:


lunes, 12 de diciembre de 2016

MARISQUERÍA LOS CRUSTÁCEOS

ALGO DE HISTORIA
Cuando las tropas francesas todavía paseaban, luciendo sus elegantes y coloridos uniformes, por el Parque del Buen Retiro en Madrid, en la zona este de la capital y justo donde terminaban algunas humildes construcciones y empezaban las huertas, existían unos terrenos, propiedad de los condes de Sevilla y Villapadierna, en donde se plantaron cientos de guindos, cuyos sabrosos frutos, se recolectaban y vendían para conservarlos en aguardiente, y también para abastecer a los conventos de monjas, dedicadas a la oración y también a preparar compotas y almíbares, entre otras delicatesen. Toda la zona era denominada la Huerta de Don Guindo, huerta que no se transformó en suelo urbano hasta mediados del siglo XIX y que con el tiempo, y sin ningún árbol superviviente, se comenzó a denominar La Guindalera, en recuerdo de la huerta y de Don Guindo.
La Guindalera es un barrio castizo que comienza en Francisco Silvela, antiguamente Camino de Ronda y termina en la calle 30, antes arroyo del Abroñigal. No tiene, en principio, nada que destaque en demasía, pero posee el encanto de casi todos los barrios madrileños, con sus estrechas callejuelas, sus comercios y mercados tradicionales, sus bares y tabernas y sus habitantes, ya algo mayores, que recuerdan con nostalgia tiempos pasados y posiblemente mejores.
Paseando por el barrio, puede, aunque si no lo buscas es difícil, que te encuentres con un pequeño establecimiento abierto en 1968 y situado en una estrecha calle, muy cerca del mercado de La Guindalera. Se trata de una taberna: “Los Crustáceos”, dedicada en cuerpo y alma a ofrecer a todos sus clientes y también a quién se acerque por allí, unos productos excelentes a buen precio. Su especialidad es, como no podía ser de otra manera, el marisco, tanto cocido como a la plancha que traen, según dicen, directamente de la lonja de Pontevedra. Casi 50 años dedicados a estos menesteres, en los tiempos que corren, es por algo, sin duda alguna.

INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
Albariño (1,40€) - quisquillas (6,50€) – percebes (7€) – ostras (1,30) – canapé de sardina (2,50€) y muchas otras cosas ricas.

POR SI PUDIERA INTERESAR
La taberna te recibe con una vitrina a la calle en donde se exhiben sus productos, y que te llama como las sirenas a Odiseo. Se sitúa en un reducido local, muy angosto,  que dispone de una barra con taburetes altos y en el que cada centímetro está aprovechado para almacenar barriles, cajas y diverso material. Sin concesión alguna a la más mínima decoración, solamente un espejo al fondo y unas cuantas fotos adornan la taberna. Detrás de la barra se esmera un matrimonio que lo hace bien, atendiendo a la plancha y a los diversos cocimientos que precisan los crustáceos, moluscos bivalvos, cefalópodos y marisco en general, que los clientes demandan cuando atestan la taberna. Todos los productos son frescos y la relación calidad precio es muy buena, aunque cierto orden y armonía serían de agradecer.

Puntuación: ****
Aperitivo: Generoso, nunca faltan unos bígaros o cualquier otra cosa rica.
Precio: Barato
Sucursales: Si. Tienen otros dos establecimientos en Madrid
Restaurante: No
Terraza: No

Dirección: Calle Francisco Zea, 11
28028 Madrid
Teléfono:
Cierra: Los lunes
Horario: De lunes a sábado de 12:30 a 16 horas / de 20:30 a 23:30 horas
Domingos de 12:30 a 16 horas 






domingo, 30 de octubre de 2016

TABERNA LA OREJA DE JAIME

ALGO DE HISTORIA
La actual calle de la Cruz se sitúa en lo que fue un primitivo cerrillo coronado por una cruz, de donde tomó el nombre. Al final de la vía, en la confluencia con la antigua Plazuela del Ángel (hoy de Jacinto Benavente) se inauguró en 1584 el famoso Corral de Comedias de la Cruz, uno de los preferidos por los reyes y lugar donde representaron sus obras Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Juan Ruiz de Alarcón entre otros. En el siglo XVIII el corral amenazaba ruina y el Ayuntamiento se vio obligado a acometer una profunda reforma, cuyo proyecto fue encomendado al arquitecto D. Pedro de Ribera, quién edificó un moderno teatro con capacidad para 1500 personas y que fue inaugurado en 1737.
A lo largo de su vida en el teatro estrenaron numerosos autores como Moratín y José Zorrilla, quién en 1844 estrenó su famoso Tenorio, siendo el teatro más castizo de Madrid y denominado popularmente como el de “los chisperos”. Sin embargo el teatro no duró demasiado y en el año 1849, la arquitectura de Ribera cayó en desgracia y el teatro fue declarado “Oprobio del arte”, y después de años tiras y aflojas, derruido en 1859. Desconocemos a quién o a que ofendía o agraviaba el arte de Pedro de Ribera, autor entre otras obras del Puente de Toledo, la iglesia de Montserrat, el Real Hospicio de San Fernando, la ermita de la Virgen del Puerto, el Cuartel del Conde Duque, la Puerta de San Vicente o la iglesia de San Cayetano, y eso solo en Madrid. En fin…
En la misma calle de la Cruz, pero en tiempos más actuales, se inauguró un establecimiento bautizado con un nombre peculiar, pero que lo dice todo:
“Tasca la Oreja de Jaime”, cuya especialidad, claro está, es la oreja a la plancha y que se está haciendo un sitio importante entre los bares y tascas que proliferan en los alrededores de la Puerta del Sol.


INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar El Avisillo acodados en la barra:
Copa de cerveza (2,20€) - Oreja a la plancha (4,50€) – Mollejas de cordero (6,20€) – Champiñón especial (5,20€). Los precios varían según donde consumas los Avisillos. No es lo mismo en la barra, que en las mesas.  

POR SI PUDIERA INTERESAR
La decoración de la tasca es al mogollón, pues lo mismo te encuentras con una red marinera y una ristra de guindillas, ñoras o ajos, como con una calabaza de buen tamaño, un sombrero cordobés, unas orejas de plástico y diversas banderas de equipos de futbol. Todo sin orden ni concierto.
La barra no es demasiado grande y cuenta con algunos taburetes altos. 
Si quieres estar más cómodo te puedes sentar, si encuentras sitio, en una de las siete mesas bajas con taburetes, distribuidas por todo el local.
La oreja de cerdo a la plancha cortada en pequeños trozos y acompañada con un toque, no demasiado, de una salsa espesa, de color amarillento y un tanto picante, es la estrella del establecimiento pero no la única estrella: las mollejas de cordero a la plancha, frescas y muy jugosas, los champiñones, el lacón con patatas y los pimientos de Padrón, fritos en su justo punto, son otras opciones a tener muy en cuenta.
La tasca cuenta con un servicio amable y profesional.


Para un futuro próspero la receta es bien sencilla:
Lo que hagas, hazlo bien, cobra en su justo precio o algo menos, y por último no seas rácano con tus clientes.
De estos tres condiciones, "La Oreja de Jaime" cumple dos con holgura. Cuando se den cuenta de los poco que cuesta satisfacer la tercera, entraran en la historia de los Bares y Tabernas de Madrid.





Puntuación: ***
Aperitivo: En alguna ocasión me han puesto algo, como unas patatas paja, o con pimentón y aceite, creo recordar, pero eso es la excepción. Son bastantes rácanos en los aperitivos.
Precio: Medio
Sucursales: No
Restaurante: No
Terraza: No




Dirección: Calle de la Cruz, 12
28012 Madrid
Teléfono:
Cierra:
Horario: De 12:00 a 0:30 horas
Sitio web:


miércoles, 5 de octubre de 2016

TABERNA DE ANTONIO SANCHEZ

ALGO DE HISTORIA

Situada en el número 13 de la calle Mesón de Paredes, pasó de bodega a taberna en el año 1830. El establecimiento presume por ser la taberna más antigua de Madrid sin reformar. Ha mantenido casi la misma decoración desde su fundación. El picador de toros Colita fue su primer dueño, aunque luego la propiedad pasó al diestro Cara Ancha y desde entonces siempre ha estado vinculada al mundo de los toros.
En 1.884 adquirió el negocio el torero Antonio Sánchez, de quién conserva su nombre.
El local ha mantenido casi la misma decoración desde su fundación. Todavía conserva la instalación de gas y sus correspondientes lámparas que iluminaron la taberna, cuando aun la luz eléctrica era ciencia ficción. Durante mucho tiempo se vendió, con gran éxito, un vino especial que llamaban “De la cuba del 
 
francés” y que se almacenaba en una gran tinaja del sótano, concretamente la que lleva, aún hoy en día, el número 6. Cuenta la malévola leyenda, que durante la guerra de la independencia contra los franceses, los vecinos del barrio mataron a un soldado de Napoleón y para evitar represalias, lo escondieron en una cuba de vino, que a partir de entonces adquirió un “bouquet” extraordinario…
Dos cabezas de toro dominan la taberna. Una perteneció a Fogoso, con él que tomó la alternativa el torero-tabernero-pintor Antonio Sánchez en 1.922 y, que inauguró la primera de sus más de veinte cornadas que durante su vida de matador de toros sufrió. La otra perteneció al pobre toro con el que tomó la alternativa otro torero del barrio: Vicente Pastor “El Chico de la blusa”.
Ignacio Zuloaga comía habitualmente en la taberna, también sede de una de sus tertulias. Un retrato de Antonio Sánchez dibujado por el genial pintor, presidía la entrada del establecimiento. Su dedicatoria decía:
"A Antonio Sánchez, buen matador y mal pintor, de Ignacio Zuloaga, mal matador y buen pintor".
En su tiempo era famoso su retrete por la argolla en él instalada, que servía para agarrarse y ayudar en el consabido esfuerzo.
 

INFORMACIÓN PRÁCTICA
Para tomar los “Los Avisillos” acodados en la barra, o también acomodados en alguno de los varios veladores de mármol distribuidos por la taberna, nos podemos dejar aconsejar por el personal, que es castizo, profesional y amable, y a buen seguro que nos ofrecerá unas morcillas a las pasas (8,80€), unas berenjenas con miel de caña (6,90€) o, si te ve cara de audaz y valiente, unos caracoles (8,60€) con su punto de picante. Todo ello, claro está, regado con un doble de cerveza (2,50€), o si tienes mucha sed, con una frasca de tintorro de 1 litro (11€).   

POR SI PUDIERA INTERESAR
Cuando traspasas el umbral de la taberna, entre lo tenue que mantienen la luz, sus ahumadas paredes y el resplandor de la calle, apenas ves nada. Poco a poco tu vista se adapta al cambio de siglo; hemos pasado en dos pasos del siglo XXI al siglo XIX, y sin máquina del tiempo. A destacar la decoración a base de cuadros con motivos taurinos, fotos y recortes de prensa y la barra con su mostrador, realizado en madera y estaño y que cuenta con más de 150 años de antigüedad. También es destacable un precioso y antiguo grifo de cerveza, una caja registradora todavía en buen uso, y un antiguo montacargas de frascas de vino.
El vinillo habitual es de Valdepeñas, típico de Madrid (los Riojas y Riberas son modas recientes)
Solo por eso, la “Taberna de Antonio Sánchez” merece una visita.

Puntuación: ****
Aperitivo: No han perdido las buenas costumbres y algo te ponen.
Precio: Medio
Sucursales: No
Restaurante: Al fondo del local y como un resplandor en la oscuridad existen dos salones, no muy grandes, decorados con cuadros relacionados, como no, con el mundo del toro y una veintena de mesas. Los manteles recuerdan los capotes toreros en rojo y amarillo y todo el conjunto tiene un regustillo castizo y taurino.
La olla gitana, el rabo de toro, los callos a la madrileña, el cocido, las torrijas y para finalizar el chato de consagrar (suele ser invitación de la casa), como remate, son opciones más que recomendables.  
Terraza: No

Dirección:
Calle del Mesón de Paredes, 13
28013 Madrid
Teléfono: 915 397 826
Cierra: Casi nunca
Horario: De 12 a 16 - 20 a 24 horas
Los viernes a partir de las 21:30 se ameniza la velada con un espectáculo flamenco.